HervÖr by EngendrARTE
EngendrARTE

HervÖr

by EngendrARTE in Ilustrations

This is an illustration inspired by the character mitology HervÖr, she is an warrior skjaldmo.

Vikings!!

You read my little tale of this fantastic valkirye in spanish:

HervÖr hija de Angantyr, se adentraba acompañada de su flota por los mares de Munarvágr, atravesando una fuerte tormenta que zarandeaba al drakkar de un lado hacia otro. HervÖr era una guerrera skjaldmÖ. Tras la muerte de su padre a manos de un berserker, creció como esclava la mayor parte de su infancia, pero cuando ésta se hizo mayor, decidió participar en las incursiones de su pueblo y las batallas, haciéndose pasar por un hombre, vestía y luchaba como tal y se hizo llamar HjÖrvard.

En las aldeas se escuchaban historias sobre una espada maldita llamada Tyrfing, había sido forjada por unos enanos, que compraron su libertad a un rey siervo de Odín, prometiéndoles una espada que jamás se oxidaría y que segaría todo lo que se interpusiera a su paso. El Rey Svafralmi obtuvo la espada como le fue prometido, pero los enanos antes de partir, maldijeron la espada. Aquel que desenvainara a la espada debería matar, moríria su amo y ninguna de las heridas causadas por el arma se podrían curar.

Esta historia había llegado a oídos de HervÖr, y decidió adentrarse en los embravecidos mares con sus hombres, rudos bárbaros equipados con hachas y fuertes escudos. Ella sabía muy bien de qué espada se trataba, pues sabía, que su padre la empuñó una vez. Cuando el gran drakkar no pudo continuar más con su camino, era señal de que habían llegado a tierra firme.

Los hombres de HervÖr no se atrevieron a bajar del barco, todos paralizados por el miedo que sintieron al respirar la atmósfera de aquella isla envuelta en una niebla espesa. Decían que estaba hechizada y que no se atrevían a sentir cerca las tumbas de los muertos que allí habían sido enterrados.

La skjaldmÖ fue la única que se atrevió a bajar del barco de un salto, con su escudo en la mano y su pesada espada en la otra, se adentraba en la isla con pasos pequeños y silenciosos. Vio un brillo rojizo que alumbraba un luz suave sobre los montículos, y se acercó al más grande de todos.

Gritó su nombre en alto, mencionó que era la hija de Angantyr y que había venido a recuperar su derecho por la espada Tyrfing. También pronunció los nombres de su estirpe, nombrando uno a uno a los once tíos que allí yacían junto a la tumba de su padre.

La voz de los muertos empezaba a escucharse como un susurro lejano, y entre ellas pudo distinguir al voz de su propio padre, muerto, que le pedía que abandonara la isla, que se marchara y no insistiera en la espada, pues estaba maldita y eso le traería la desgracia a ella y su familia.

HervÖr hizo oídos sordos a su padre y siguió buscando enfurecida la espada entre gritos que lanzaba hacia Angantyr, que no paraba de prevenirle del error que estaba cometiendo.

Finalmente encontró la espada y la consiguió, que empuñó con entusiasmo y furia al mismo tiempo. Se despidió del fantasma de su padre y del de sus tíos y volvió a la playa para volver a embarcar.

Cuando llegó a la playa, no vio nada, la noche era cerrada y el tiempo no acompañaba, pero no se veía nada. Ni siquiera su flota, porque sus hombres que tanto temor tuvieron al llegar a la isla, poseídos por el miedo de permanecer allí, la abandonaron, llevándose consigo todas las naves.

HervÖr se quedó atónita al ver que estaba completamente sola, sus hombres habían traicionado su confianza, abandonándola allí. Se paró en seco un momento y pensó que eso en realidad no le importaba, porque tenía a Tyrfing entre sus manos.

El deseo de desenvainarla la poseyó y no pudo evitarlo y así lo hizo. Sintió como la lluvia recorría el filo de la espada hasta llegar a sus dedos, agarrándola y apretándola entre sus dedos.

El palpitar de su corazón retumbaba en su cabeza, como si fuera lejano pero a la vez parecía estar a punto de hacerla estallar, cada vez más acelerado. Su brazo se tensaba con mayor fuerza y una fuerza invisible parecía invadirla y recorrer por dentro de sus venas obligándola a perder el control por completo de sus movimientos.

Alzó la espada hacia el cielo, la giró y la sujetó con las dos manos. Su corazón cada vez se hacía mas ecco dentro de su cabeza. La punta de la espada le apuntaba a ella y pudo ver el recorrido que haría la espada más tarde con sus ojos, pero no tuvo miedo en ningún momento, porque la sed de sangre y el deseo de matar era mayor y sin contenerse. Estaba a punto de vivir en sus propias carnes la maldición de la que todos le previnieron.

Adentró la punta de la espada en el pecho con fuerza, atravesando el torso y la sintió salir por la espalda. El zumbido de su corazón se cortó rápidamente, ya no lo oía dentro de su cabeza y tampoco lo notaba bajo su blanca piel. Su mirada se clavó en la tierra mojada que sentía bajo sus rodillas, sus brazos se quedaron lacios y no recuperaron la fuerza que hacía unos minutos parecían tener, ni siquiera toda la sangre que allí se derramó pudo hacerla estremecer, porque HervÖr, por fin, tendría a Tyfing dentro de ella para siempre.

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