Halloween de pesadillas by Eddaviel
Eddaviel

Halloween de pesadillas

by Eddaviel in commissions

Image© Eddaviel 2011
Ilustración de portada para el cuento corto "Halloween de pesadillas" escrito por Francisco Alcántara (España) para Descritos.

Autor: Francisco Alcántara
Estudio de ilustración: morostudio.net

Se giró aterrada y el corazón le dio un vuelco. La pequeña criatura de rostro anguloso la contempló desafiante. Unos dientecillos afilados como estiletes sobresalían de sus finos labios tintados de sangre. Aquella mirada, de azul hielo, la paralizó por completo, hasta el punto de ahogar cualquier intento de articular un grito. La consciencia de una maldad primitiva, consustancial a aquel ser de piel turquesa y apariencia metálica, se abrió paso en la turbada mente de Alice.

―Feliz Halloween ―se clavó en sus sentidos como esquirlas una voz chirriante, justo antes de que las mortales garras ensangrentadas se lanzaran sobre ella―.

Alice se despertó sobresaltada en la oscuridad de su cuarto y se incorporó sobre la cama con un grito contenido. El corazón le latía con fuerza y un sudor frío cubría toda su piel. Sólo tras convencerse de que se trataba de una horrible pesadilla, pudo sofocar su agitada respiración. De repente comenzó a tiritar, se tumbó mirando los dígitos del despertador y se cubrió hasta el cuello con el edredón. Únicamente el cansancio pudo vencer su firme propósito de no caer nuevamente en las inciertas regiones del país de los sueños.

Una notable inquietud se apropió de Alice todo aquel día. En circunstancias normales, muy posiblemente hubiese podido olvidar su terrorífica pesadilla, pero se daba una intranquilizadora casualidad que hilaba con su sueño: era Halloween.

Alice se consideraba mayor para andar con disfraces, y aún más para el truco o trato. En cambio sí le costó rechazar la invitación a una fiesta por parte de su amiga Chloe, sin embargo se inventó un pretexto para no acudir. En condiciones normales no se lo hubiese perdido por nada del mundo, pero un miedo irracional, absurdo, no la dejaba comportarse como habría deseado.

Facebook y twitter bullían de mensajes y fotos sobre lo bien que se lo pasaba el resto del mundo. “Estúpida idiota”, redundó refiriéndose a sí misma. Desde su cuarto podía oír el timbre de la puerta, y cómo sus padres hacían tratos con una legión de zombis, brujas, vampiros y toda clase de monstruos que estallaban en una sonora algarabía al recibir sus golosinas.

Alice dejó de prestar atención a lo que sucedía abajo, y continuó a lo suyo ignorando la nueva campanada del timbre. Pero de repente, un grito desgarrador le heló la sangré y la dejó inmóvil. Permaneció en el más absoluto mutismo.

―¡Ohh Dios Clarice! ―se oyó una segunda voz amortiguada y profundamente afectada―.

―¡No, no… Dios nooo! ―fueron las últimas palabras antes del escalofriante alarido―.

Oyó golpes, pataleos en el suelo, caer la mesita del recibidor y cosas que se rompían. Se hizo un silencio roto por un portazo. Silencio nuevamente que se dilató en el tiempo.

Al fin Alice consiguió reaccionar. Dejó de contener la respiración y se esforzó por controlar la situación, por pensar con claridad, pero el miedo no liberó por completo su tenaza. Muy despacio, temblando acusadamente, cogió el móvil y marcó con movimientos erráticos el número de la policía. Colocó el pulgar sobre el botón de llamada listo para presionar, abrió la puerta de su cuarto con sigilo, y caminó con inseguridad hasta la escalera, como sin querer llegar nunca. La dantesca escena que se presentó ante sus ojos la hizo entrar en un estado de pánico, un potente sollozo vació sus pulmones y la mirada se le empañó de lágrimas. En un impulso comenzó a bajar las escaleras con la esperanza de poder socorrer a sus padres, que yacían cruelmente mutilados sobre un charco de sangre, pero se lo pensó mejor. Apretó el pulgar y se llevó el teléfono al oído, al tiempo que se giraba con intención de resguardarse en su habitación hasta que llegara ayuda y, entonces, se encontró frente a un ser de piel turquesa y gélida mirada, que en un remedo de sonrisa demoníaca, pronunciaba con voz chirriante que se clavaba como esquirlas: ―Feliz Halloween.

Un dolor lacerante le seccionó la carótida. Cayó. Frío, oscuridad, y nada.


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